El estrés ya no es cosa ajena para nadie que viva en una ciudad medianamente grande. Es en estos lugares donde se cuece todo el asunto económico: se instalan las grandes empresas, se genera más trabajo, admiten grandes flujos y movimientos de población, se consume a marchas forzadas y se pelea por el terreno.
Muchos se preguntan que tiene que ver el modo de vida, las sensaciones y los pensamientos con la economía, que muchas veces es entendida como la táctica del dinero, la estrategia monetaria. Pero se olvidan de la teoría.
La economía y el mercado están íntimamente ligados al estilo de vida, y aunque no se sabe bien que vino antes, si el consumo o los productos, si el huevo o la gallina, si es bien conocido que efectos tienen unas disciplinas sobre otras.
Pongamos un ejemplo práctico. Starbucks es una franquicia mundialmente conocida y mundialmente rentable que responde a una estrategia de mercado muy concreta: “Aprovechar el estrés al máximo”.
Todos los locales que esta franquicia posee están ubicados estratégicamente cerca de estaciones de transporte con mucha afluencia de gente, ante todo de gente que acude a sus puestos de trabajo. Si bien no encuentras un Starbucks en una estación lo encontrarás cerca de un gran centro comercial. La causa es muy sencilla: No solo se alimenta de los clientes que acuden a los centros comerciales, que ya de por sí, tienen una ruta de compras bien definida por la zona comercial, si no que también cuenta con el dinero de los propios trabajadores de los centros, que tienen un tiempo muy limitado de descanso antes de reincorporarse a sus puestos de trabajo. Este tipo de clientes, que tan solo están de paso, poseen una característica muy especial para Starbucks: no solo compran un café, compran la accesibilidad al mismo, estando dispuestos a pagar una cantidad más elevada por el producto. En definitiva, son locales para gente con prisa, o al menos esa es su principal fuente de ingresos.
La mercancía de Starbucks no es solo café, es también el tiempo.
“Vendemos tiempo al estresado” es la gran premisa comercial de nuestro siglo: confort, comodidad, ahorro, pero ante todo más rapido.

