El mundo se cuece en la mañana quieta, aun gris y cubierta por la bruma. La brisa fresca mece las copas de los álamos con suavidad, como una caricia de compasión, comienzan los vestigios tempranos de vida, uno a uno resuenan lejanos. Todo está quieto y en calma. El primer trabajador disfruta de su soledad, aun dormido camina con compás preaprehendido, tiene los ojos hinchados y el pelo húmedo, la cara pálida y suave, escucha el chasquido de sus zapatos más nítido que nunca, incluso que otras mañanas semejantes.
El mundo está callado, mudo, habla la naturaleza, se percibe su física en todos los rincones, como un docil compás, paso a paso.
Todo acaba con las primeras palabras. Se accionan los ruidosos engranajes del mercado, el dinero se mueve inquieto, suenan los teléfonos y los sucios motores emiten su peste al cielo una vez más enladrillado, se escuchan y exclaman los primeros gritos, lloran los niños y rugen los primeros estómagos, se vierte la primera taza de expreso y se destinta el primer bolígrafo.
Por la noche todo está pasado, blando y pegajoso, harto. Regresan seres al hogar, su calma la aparcaron hace ya no saben cuando, donde, no hay lugar para hacerlo. Se oyen discusiones, no son ni mucho menos las primeras, ya se han roto muchos platos, resuenan los errores, la ciudad tiembla y tose, defeca y regurgita su empacho.
Nació el primer loco en una noche como esta y aconteció el primer asesinato, picotearon el cadáver los primeros buitres, alguien imaginó la primera artimaña, y otro la llevó a cabo. Vieron el mundo los primeros prejuicios y bostezó la primera mujer explotada, se cagó la primera mierda y se lanzó la primogenea piedra; alguien tuvo la sana idea de esconder la mano. Se habituaron las palomas pioneras y murieron, bajo complot, los primeros halcones, se inventó el garrote vil, la cámara de gas y la silla eléctrica.
Se lanzó la primera sonda al espacio y se introdujo por primera vez en el ano, se picó el primer diente y se aisló por primera vez a los aislados; se pintó al tercer rey mago.
Surgió entre las sombras el primer atracador y encontró a la primera moneda, se invento el matrimonio y nacieron los primeros vándalos.
Comenzaron los infartos, las fiebres y la peste bubónica, amaneció el primer hedor y se propinaron los primeros puñetazos, apareció el primer dentista, primer atracador y los siguientes olvidaron la excusa.
En la madrugada el mundo está calmado, agonizando, está por primera vez harto.